El deliro de los hombres

El deliro de los hombres

                Ya había pasado el tiempo suficiente para que los seguidores de la manada hambrienta, avaros y facinerosos cayeran por sus acciones. Sin embargo la espera era interminable, porque si el árbol no termina de caer es que algo le sostiene y en la espera los que han debilitado su tronco, pierden el tiempo en aguardar los restos, que hacen las brazas que sirven para encender el fuego que aviva los carbones del horno, el mismo que será utilizado para hacer mover la locomotora detenida durante todo este tiempo y su viaje continúe. La locomotora que semeja a un país que se detuvo en un pensamiento adormecido por unos años sin fundamentos. En ese tiempo la carga esperada por los industriales que hacían la materia necesaria para proveer los alimentos, se fue fundiendo a consecuencia de la parada, presos del tiempo que los obligó a ese estado inanimado en el que entran algunas ranas en el invierno. Así está la nación tratando descubrir que sostiene el recorrido, buscando conseguir el tan ansiado secreto que trajo como consecuencia que esta se detuviera. Cuantas veces la gente se pregunta ¿Donde está la cuña que no permite el movimiento? Estos malvados años que nos hicieron la costumbre de no actuar ante las necesidades de la mayoría ¿Que es más importante que moverse en búsqueda de resolución? Quedarse a esperar ese milagro que nos saque de esta desidia en la que estamos sumergidos.

                         Se nota el cansancio, ya no es tan divertido burlarse de la gente, fue suficiente la acumulación de tiempo, los funcionarios que acompañaron este engaño desean irse consecuencia de que el método que adormecía dejo de funcionar ante el adormecido; solo se escucha en cada rincón ¿Qué pasó con todo esto? Y mientras pase el tiempo se han dan cuenta que se están empobreciendo, que el lugar ya para los funcionarios no es la mina de oro a la que acudían diariamente a retirar los fondos que hacían la mentira defendible, esa que lograba que el galimatías de vocablo se perdiera en el mar oscuro de una palabra horrorosa, que terminaba en sandeces de sacrificio a los oprimidos. No sabemos cuántos han despertado de los acostados, pero entendemos que las tripas lo vienen haciendo, resuena en las camas ante el silencio de la noche, donde no existe más conocimiento ni palabra que las haga calmar en su desespero, ellas que hacen cambiar todo pensamiento duro que nos dice. Amor con hambre no dura. Ya se está acabando el amor, fueron muchos años de aguantar tantos engaños, como aquel que ha mentido tantas veces y solo le toca guardar silencio, pues sus promesas son como dagas que se le devuelven a su cuerpo henchido de la avaricia y el pecado.

No hay Dios que puede entender a esos que van al recinto de oración a pedir perdón por tantos pecados que siguen cometiendo; Dios es bueno el lo perdona todo y sabe que los inconsciente terminan sus calvarios en el infierno, hasta lograr que su alma viva una y otra vez los infortunios de una actuación lujuriosa, la que disfrutaron por tantos años. No sabemos si sucederá o tal vez sí, pero el mejor regalo que les espera, dada una vida displicente ante sus iguales, es que no descansen sus espíritus, ni logren redimir sus culpas, porque tuvieron mucho tiempo para ello y no lo hicieron. Se dejaron llevar por uno de los peores males, el pecado de la avaricia. Fuimos testigos de una vez más de las incomprensiones de los seres humanos en su tarea por acabar con ellos mismo. Los protagonismos en la humanidad queda demostrado que no conducen a nada bueno. Cuando el hombre preso de su egoísmo desea conducir a miles, estos terminan sufriendo lo espurio del individualismo, las consecuencia son catastróficas, ante la curiosidad de un discurso meloso que ata al menos acucioso y desconfiado, dejándose seducir por la palabra que exacerba los corazones ávidos de una justicia siega, que no permite dilucidar el verdadero problema de una sociedad que esperan sentados en un tronco, a que el Mesías termine de llegar para saciar la sed, la que por tantos años de no mover un pie, prefirió aguardar un turno que nunca llega y cuando llega, ya estamos muy viejos para eso. Ya es preferible que los mate el hambre y la sed a seguir viviendo. Ese es el resultado que trae la espera y el pasar del tiempo, que no deseemos más nada que seguir sin satisfacer ningunas de las necesidades que tuvimos por aquellos tiempos, mientras se nos pasó la vida supinos y como decía un escritor antiguo. “No vale la pena vivir la vida estar recostado en blanda pluma ni al abrigo de colchas. Porque, el que sin gloria consume su vida, deja detrás de si el mismo vestigio que el humo en el aire, la espuma en el agua”  Dante.     

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