El baile nocturno de las ratas

El baile nocturno de las ratas

 

                La música apacible hacia menear las cabezas, posadas en cuatro patas y en su ritmo cadencioso, se rozaban sobre sus cuerpos las ratas. Otras corrían por los reducidos pasillos invadiendo las casas; la música no se apartaba de sus diminutas mentes, les recordaba el sonar, el día que decidieron levantarse en sus dos patas. Entre pan roído y boronas de sus cacas hacían la vida, ya ese caminar equilibrado sobre las columnas que sostenía el techo de las casas no era un problema. Estaban en un palacio, era su ático Lord era la más astuta: fue la que inicio toda la desbandada era muy inteligente la alaban sus hermanas, decían entre sus grandes colmillos que era una rata de otro mundo, poseía la percepción que las otras no tenía, era acuciosa, sagas y curiosa. Fue la que inició el movimiento. Algunas dicen en temeroso silencio, las que antes la conocieron. Que era envidiosa, que no soportaba que otras ratas trabajaran y tuvieran más semillas que ella, y así comenzó lo que para ella es hoy, el renacimiento pues así le dio por nombre, a el inicio de una serie de planificaciones, cortadas a la medida de sus consecuencia; nada de lo que hoy estaba sucediendo llego de la noche a la mañana. Ella decía en sus reuniones nocturnas de gabinete, en las que se juntaban la mayoría, con el fin de que todas las demás ratas tuvieran una repartición equitativa de la comida, sin que esto no fuera motivo de que algunas les faltara y otras no, porque ella estaría dispuesta a supervisar, cada una de los grupos, que conformaban las comunas de las ratas.

              Las ratas de menor rango eran las armadas, las que llevaban los uniformes cuya misión es sostener la gobernabilidad de la rata Lord, por sobre todas las demás comunas, la idea era la siguiente, juntar todas las bolsas de comida e ir repartiendo, entre las de su misma especie para que así fuera distribuida entre la mayoría temerosa, que eran las nobles que nunca quisieron ese caminar entre las dos  patas, pero igualmente obedecían la palabra de Lord. Lord todo lo maneja, lo tejía, tenía en si todo el poder de la comuna, a pesar de que desde el lugar donde se decía que obedecía las ordenes, para los pasos que daban, lo tenía como ignorante y licencioso. Que era en si lo que lo detenía a seguir con las inmoralidades. A Lord lo acompaño por muchos años la mancha que lo señalaba, que no estaba hecho del tamaño de las circunstancia, por esta razón desde lo más alto de la cúspide, de donde venía todas esta ominosa planificación, le había puesto a una rata pequeña y vigilante, mucho más aguzado en el paquete, en las trampearías, sin mucho que envidiarle a la rata mayor. Le llamaban culebra, con una capacidad de convencer, entre irónica sonrisa  y sagas a que se le brinde la confianza. Aunque en los bajos fondos se dice que viene con muy mala recomendación, en el lenguaje de las ratas esta manchada, pero son los escogidos por la plana mayor, porque son el tipo de individuo que esta encadenado al proceso.

              Que caería cuando cayera el proceso, el que a ellas les había hecho ganar tanto espacio dentro de la casa, estaban por todas parte, debajo de los pisos, en los lavaderos, por debajo de los tablones de la sala, en las tubería de los baños y sobre todo muy abundantes, que hasta a veces usaban como pasadizo la chimenea para escaparse, hacia lo que ellas llamaban el cielo; con sus maletas repletas de semilla. Unas que lo hacían ante los ojos de Lord y otras que medio rasguñaban la montaña.

             Llego un tiempo en que las semillas mermaron, la producción no era como antes, y habían pasado los años, eran los mismos que consumían y pocos  los que aportaba, la mayoría de los que  contribuía se había largado o  yacía muertos. Entre los recuerdos de los que pudo ser y no fue, así se fueron disminuyendo, si no hubiera sido porque culebra reunión mucho del botín, dicen que se hubieran escapado, pero la comuna le ofrecía la protección que necesita, el cuidado de la semilla, y unos cuantos acólitos que aun lamían sus patas. Era el de los que dictaba las leyes de la comuna y estaban a su favor, porque cada uno fue colocando por el mismo, no sin antes jurarle religiosa obediencia; nada de lo que ellos iban a hacer podía realizarse sin antes ser consultado por culebra, a pesar de que Lord existía. Y en tanto Lord estaba en la obesidad que lo acompañaba y sus ritos del pasado, que en eso se le escapaban los movimientos de Culebra, los cuales era zigzagueantes y silencioso muy puntuales para ser notados.

           En la comuna se notaba el desgobierno, ya no había aquel orden y hasta las reuniones fueron decayendo, hasta el extremo se dice que Lord y Culebra había perdido el apoyo de los pocos que quedaba, solo tenía el apoyo de las ratas de uniformes porque era sumisas y formadas para eso, para solo obedecer al tirano que este puesto, de ellas se decía que no pensaban, que lo único que las movía era que ellas tuvieran su semilla, aunque fuera poca, pero era el motivo de su alabanza, por eso los defendía y los mantenían protegidos. La música no paraba,  continuaba adormeciendo a los presentes en el baile nocturno de las ratas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s