La contemplación

            Los hombres inocentes en su incapacidad, miraban como enceguecidos el brillo del oropel en su ampulosa falsedad, no lo notaban o acaso nunca lo notarían. Les pasaba como el que adormecido por el canto melodioso en alta mar producido por las sirenas, vienen raudos como empujados por el viento caminando hacia su inevitable muerte, terminando en el fondo del océano sin despertar de su sueño.

Creyeron tener el bastón de mando y que su poderío era inquebrantable y cuando se busca eliminar una voz con la muerte, esta misteriosamente brota maloliente de entre las arenas de ultratumba, con un dedo acusador que viene señalando a los culpables.

            Así les ha venido sucediendo durante estos últimos años, los persigue la justicia, la que viene del infierno, esa de la que nadie se salva y menos los seres que sabiendo del pecado, no se detiene ante los gritos que imploraron ¡No me mates ¡ Por nada se detuvieron, creyeron tener razón pisoteando la cabeza a sus semejantes; se sentían orgullosos del pecado, en las caras se les ve el mal y entre avaricias, dineros y joyas, van conducidos hacia el abismo.

Nadie desea estar en sus zapatos porque ninguno se salva. Su peor delito fue matar por poder, asesinar a inocentes, sin esperar que la vida les cobrara como lo viene haciendo, desde la oscuridad de las tumbas. Uno a uno se los viene llevando, conduciéndolos a pagar sus afrentas, sus penas. Parece como si fuera algo premeditado por el destino, como si fuera una historia ya contada, tejida con hilos ensangrentados de sus almas.

            Todos ellos saben que la gente los está mirando, cuando llegan a sus casas, acostumbrados al lo ilegal y a lo que no se debe hacer, les cuesta la educación de sus hijos, no son el mejor ejemplo a seguir y menos los más dotados de la moral para hacerlo. Es triste cuando un hombre desea ser un ejemplo para su gente, imponiendo su inmoralidad, de verdad son inmorales. El momento cumbre de la historia, es la desaparición  del delincuente, disfrazado de político.

No estamos contentos con ello, estamos tristes, porque la educación se ha perdido, fue simplemente el atraso inevitable de nuestra vida, los que estamos acá y los que lograron irse, sabemos que es duro comenzar de cero, como tendremos que hacerlo; nos ha ganado de nuevo la barbarie. No educamos durante cierto tiempo y el salvajismo cobra fuerza, queriendo arrebatar nuevamente la riqueza por la fuerza.

No será de la misma manera,  tendrán que devolver lo que no les pertenece, deben entregarlo por eso, no es suyo lo que arrebataron con violencia, disimulados ante las urnas símiles de democracia permisiva, de la que consiguieron burlarse. La corrupción es la madre de las desgracias en un país en crecimiento, donde los más vulnerables son los que sufren sus violentos arrebatos. No esperemos en contemplación que las torres se caigan solas, hagamos movimiento, somos el piso donde descansa su peso, debemos estar convencidos que somos la esencia de la nación, somos su sangre, su aliento y para lograr que el servidor público entienda, debemos evitar su permanencia.      

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