#ElPuebloTieneHambre Narcodictadura militariza colas por miedo al pueblo hambriento

La escasez aunada a la desesperación de las personas por, precisamente, no conseguir comida se ha convertido en foco de múltiples incidentes durante los últimos días en Venezuela; saqueos en diversos lugares, riñas en colas e incluso 8 fallecidos durante las largas esperas para poder adquirir un kilo de harina o de leche a un precio “decente”.

A raíz de ello y como el Gobierno no puede eliminar las colas, pues esto significaría hacer una buena gestión y aceptar que existe un problema más allá de la llamada “guerra económica” a la que atribuyen todas las penurias del país, han optado por militarizar las colas de los establecimientos para de esta forma evitar conflictos.

El problema: los militares se valen de su estatus para adquirir productos primero para ellos y sus conocidos, mientras que las colas siguen igual.

Noris Rojas llegó a las 4:00 de la mañana de este martes a la sede de Pdval de Puerto Ordaz, en la avenida Guayana. Si es miércoles y usted lee esto, seguramente ella estará en el mismo lugar, publica Correo del Caroní.

No. No regresó: permanece allí desde este martes. Desde ayer a las 4:00 de la mañana, como leyó en la primera línea. Y sigue allí porque, luego de un día de cola, los encargados del local dijeron que no había más para vender.

Entonces, ella y otras personas decidieron hacer algo que les pareció sensato: una lista que a las 3:30 de la tarde del martes ya tenía 140 nombres.

Esa era una opción. La otra era comprar a los bachaqueros un paquete de arroz (si se consigue) por 300 bolívares. Entre otros productos y precios que impone el mercado negro.

Además de esa desventura, hay un añadido: que todo ocurrió justo cuando funcionarios militares tomaron los supermercados estatales para garantizar el orden.

Pero no hubo orden. Además del descalabro en la venta, los uniformados, que los presentes señalaron como de la Guardia Nacional Bolivariana, “golpearon a un muchacho que reclamó porque se había acabado todo. Le pusieron hasta electricidad”.

Los miles que a diario acuden a los supermercados gubernamentales tienen como denominador común esquivar una realidad: que una familia promedio requiere ocho salarios mínimos para cubrir la canasta básica.

Militarización no garantiza el orden en las colas del Abasto Bicentenario

A veces no se puede esquivar esa realidad. Porque los tiros salen por la culata. Así le pasó a Génesis Carrillo, quien no había podido entrar al Bicentenario a las 4:00 de la tarde. “Pagué 600 bolívares en un taxi para que me trajera hasta aquí. Me vine con mi bebé y con mi mamá. ¿Cómo es posible que uno entrega las cédulas y se prende igual el despelote?”.

El asunto no quedó sólo en críticas. También hubo señalamientos: “hay corrupción. Ellos (los funcionarios de la GNB) traen cédulas de sus vecinos y los pasan de primeros. Además, aquí no hay baños para uno hacer sus necesidades. Se supone que esto es del gobierno y que uno debe ser bien atendido”, criticó Leida Padrino

Amén de la turbación, para muchos no queda más: el dinero no alcanza y la comida aumenta. Sino, pregúntele a Ruth Castro, quien también pasó la noche en el Pdval: “Tendré que hacerlo. En mi casa no tengo qué comer”.

Con información de La Patilla.

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