#25JL En Venezuela la Rebelión es un derecho por @cheo070777


UNIDOS COMO UNO DIVIDIDOS POR CERO, ASI TE QUEREMOS PUEBLO VENEZOLANO!!! #REBELION

Del latín rebellĭo, rebelión es la acción y efecto de rebelarse. Este verbo, por su parte, está asociado a oponer resistencia, sublevarse o faltar a la obediencia debida. Por ejemplo: “La rebelión en Oriente Medio ha generado pérdidas millonarias al sector turístico”, “Un joven campesino de dieciocho años es señalado como el líder de la rebelión”, “El mandatario aseguró que utilizará todo el poder militar bajo su mando para acabar con la rebelión”.

La rebelión, por lo tanto, es un rechazo a la autoridad que puede ir desde la desobediencia civil hasta la resistencia armada. El término se utiliza como sinónimo de sedición, motín, levantamiento o revuelta, aunque cada uno tiene sus propias particularidades.

Quienes forman parte de una rebelión se conocen como rebeldes. Una persona que se niega a pagar impuestos por considerar que el gobierno malgasta los fondos, un grupo de obreros que decide tomar una fábrica, un ejército que no acata las órdenes de los superiores y los ciudadanos que se lanzan a las calles para exigir la renuncia de un presidente pueden considerarse como protagonistas de una rebelión.

Los estallidos de protesta y las rebeliones populares fueron un fenómeno frecuente en el siglo XVI europeo. Las tensiones sociales latentes desembocaron en sublevaciones abiertas en los momentos en los que los factores de conflictividad alcanzaron un alto grado de condensación y se añadieron a ellos precipitantes coyunturales. El cuadro de las alteraciones populares de la época ofrece la posibilidad de distinguir entre revueltas urbanas y campesinas, aunque en la práctica ambos fenómenos aparecen frecuentemente relacionados entre sí, por lo que apenas existieron movimientos completamente puros.
Sobre un fondo general de profundas diferencias sociales, las causas detonantes más frecuentes de las revueltas eran los abusos señoriales, la presión fiscal y las carestías. La dureza y arbitrariedad del régimen feudal provocó a principios del siglo la revuelta de los campesinos húngaros (1514), aplastada por el gobernador de Transilvania, Juan Zapolya. Teñida de un discurso religioso radical, estalló en Alemania, pocos años después de la ruptura de Lutero con Roma, la guerra de los campesinos (1525), cuyos más destacados líderes fueron Sebastián Lotzer y Tomás Muntzer. Esta revuelta se extendió por toda Alemania, Austria, Suiza, Borgoña y el Franco Condado. Sus dimensiones llegaron a asustar al mismo Lutero, quien la condenó enérgicamente. La propia revolución de las Comunidades de Castilla(1519), que tuvo un carácter fundamentalmente urbano y estuvo originada en el descontento nacionalista de la mesocracia ciudadana frente al imperialismo de Carlos V, tuvo también un serio componente campesino antiseñorial, ilustrando las dificultades de catalogar de forma simple los conflictos y la complejidad de los mismos. Por su parte, la “Pilgrimage of Grace” de Lincolshire y Yorkshire (1536), que comenzó como levantamiento antifiscal, evolucionó hacia un movimiento regionalista procatólico contrario al reformismo anglicano.
La mala coyuntura agraria de fines del siglo XVI provocó también revueltas campesinas, como la de Finlandia de 1596 y la inglesa de las “Midlands” del mismo año. Unos años antes, en 1593, estalló en el Limousin francés la sublevación de los “Croquants”, de origen campesino, aunque luego se extendió a los trabajadores urbanos. En el origen de esta gran rebelión coincidieron el hambre, el malestar antifiscal y los efectos perniciosos de la guerra sobre la población.
En las ciudades, la escasez de alimentos y la protesta contra los impuestos constituyeron los principales precipitantes de los levantamientos populares, causados también por tensiones sociales previas y mezclados en ocasiones con problemas religiosos. Como ejemplos de violencia social urbana pueden citarse la “Grande Rebeyne” de Lyon (1529), cuyo origen fue la carestía de las subsistencias, y la revuelta de Gante (1540), levantamiento antifiscal que se erigió en defensor de los privilegios tradicionales. El hambre fue también la causa de un levantamiento popular en Nápoles en 1585, al que siguió una brutal represión. Las guerras de religión en Francia provocaron una gran sublevación en París el 12 de mayo de 1588 (el día de las barricadas), que dejó a la ciudad en un estado de anarquía.
Las revueltas populares fueron a menudo atizadas por elementos de las clases medias y altas. Ello solía ocurrir cuando se instrumentalizaban contra el Estado, contemplado como elemento abstracto que irrumpía en el modo tradicional de organización socio-política actuando como agente de exacción fiscal. Por ello, con cierta frecuencia, la revuelta venía acompañada de la añoranza de un modelo idealizado de buena administración situado en épocas anteriores. Los levantamientos sociales se dotaron por lo general de una organización espontánea y actuaron por objetivos concretos a corto plazo, aunque a veces esgrimieron un discurso radical que amenazaba con la subversión del orden social. Fue precisamente el miedo a la subversión lo que obligó a las clases dominantes a cerrar filas y a hacer causa común en la represión de la protesta popular. La represión se revistió en ocasiones de un carácter violento, pero en otras muchas el perdón real, que potenciaba una imagen de la autoridad monárquica como justa y paternal, fue el camino elegido por el poder para poner el punto y final a la sublevación.
Si la revuelta representó la manifestación colectiva de la tensión social, el bandidismo constituyó un conducto de escape individual para la misma. La delincuencia formó parte de la conflictividad social de los siglos modernos, y como tal debe ser analizada. El bandidaje surgió de las mismas condiciones de descontento que propiciaron otros fenómenos de violencia social.
Las áreas en que las actividades de los bandoleros fueron más frecuentes fueron lógicamente aquellas a las que los instrumentos estatales de represión llegaban con mayor dificultad, es decir, las más inaccesibles. Por ello se trató de un fenómeno típicamente rural. Los Pirineos y el Macizo Central francés fueron, por ejemplo, activos centros de bandidaje en el siglo XVI.
En esta época hubo dos tipos de bandolerismo bien diferenciados. Por una parte, el bandolerismo aristocrático puede entenderse como una reacción frente al poder protagonizada por nobles mal adaptados a las nuevas condiciones políticas. En este sentido escribe Kamen que los aristócratas que acaudillaban bandas de salteadores no hacían sino volver a plantear un reto puramente feudal al Estado. Por otra parte, el bandolerismo popular era una consecuencia de la miseria y de las duras condiciones de existencia de los grupos sociales menos favorecidos. Es por ello por lo que la intensificación de los episodios de bandidaje solía coincidir con los momentos más duros de crisis económica, apareciendo en ocasiones en estrecha relación con períodos de alteraciones campesinas.

El idioma castellano es muy rico y certero en muchas ocasiones, por ese motivo si buscamos el significado de ‘indolencia’ encontramos que es la ‘incapacidad de conmoverse o sentirse afectado por algo’. Ver los suicidios de ciudadanos yo creo que nos conmueve a todos, no nos deja indolentes. Pero si recurrimos a la segunda y tercer definición de ‘indolencia’ la cosa puede tener otro color: ‘pereza o desidia e ’.

La sociedad en su conjunto somos indolente. Bien los poderes políticos y económicos se mantienen insensibles al dolor de gran parte de la ciudadanía, bien los ciudadanos mayoritariamente por nuestra pereza o desidia para tomar el toro por los cuernos. Si, nos duele ver el sufrimiento de los demás, nos entristece ver los suicidios día sí y día también, pero nos mantenemos perezosos ante lo que ocurre, no somos capaces de tomar la iniciativa.

Envidiamos a los pocos que quieren cambiar esto pero no nos animamos a secundarlos.

El dolor en la sociedad en diferentes formas, pobreza, miseria, hambre, …., cada día va en aumento en este país y nosotros solo alcanzamos a aspirar que no seamos nosotros los siguientes.

La narcodictadura dirigentes nos han lavado el cerebro intentando convencernos de que nosotros somos los culpables de todo por haber vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando eso es una GRAN MENTIRA. Ellos han creado un entorno convenciéndonos de eso para poder seguir enriqueciéndose hasta que la cosa no ha dado más de sí.

Hemos sido indolentes, sinónimo de perezosos, durante décadas cediendo nuestro poder mediante el voto a una manada de lobos y delincuentes que se han enriquecido a costa de los ciudadanos y fuimos perezosos para pararles los pies. Lo peor es que seguimos siendo perezosos ahora, cuando si que somos sensibles al dolor que vemos en la sociedad, pero justamente cuando no tenemos más medios que el alzamiento del pueblo como recurso.

La cosa no es fácil. Si alguien cree que castigando con un voto a este o a aquel partido, se equivoca. Todos los partidos políticos están ahora mismo en el problema, con lo cual no pueden ser en ningún momento parte de la solución.

Sino queremos que la sociedad que hereden nuestros hijos sea una miseria mientras que la de los hijos de los banqueros y los políticos sea un paraíso, solo veo dos soluciones: o que se vayan voluntariamente los políticos (y no para cargos de empresas afines) o que se vayan por la fuerza. Y por más que me pese, esto último es lo que creo que va a ocurrir a no mucho tardar porque la gente ya no aguanta más.
El derecho de rebelión, derecho de resistencia a la opresión es un derecho reconocido a los pueblosfrente a gobernantes de origen ilegítimo o que teniendo origen legítimo han devenido en ilegítimos durante su ejercicio, que autoriza la desobediencia civil y el uso de la fuerza con el fin de derrocarlos y reemplazarlos por gobiernos que posean legitimidad.

El derecho a la resistencia frente al tirano, que ha llegado a justificar la muerte de éste, se puede encontrar en la Antigüedad. Así ya Platón trató el tema de la tiranía y del derecho del pueblo a defenderse contra el tirano y la injusticia. A partir de él, numerosos autores han desarrollado el tema a lo largo de la historia, tales como San Isidoro de Sevilla y Santo Tomás de Aquino.[1]

El derecho a la resistencia fue incluido de forma explícita en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución francesa. Pero puede considerarse que está implícito en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, que en su párrafo más famoso declara:

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.

La Carta fundacional de las Naciones Unidas (ONU) reconoce este derecho de forma implícita, estableciendo no obstante que las partes se deben someter a las decisiones de su Consejo de Seguridad, que componen quince estados, los cinco con derecho a veto y diez más que ejercen su función por un periodo determinado y rotativo.[2]

En la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, este derecho no es reconocido explícitamente, pero sí implícitamente en el Preámbulo.

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