#25JL CONSUMIDORES FRUTRAS: Hacemos colas para nada

En los anaqueles del Pdval de Cotiza –sede principal de la productora y distribuidora de alimentos ubicada en el municipio Libertador– se repetían los bultos de harina de maíz precocida, marca Venalcasa (procesadora y empaquetadora de alimentos del Estado), este martes 21 de julio.

harinapan

Los paquetes de azúcar larense, provenientes de la Central La Pastora en Barquisimeto, también ocupan espacio en los estantes. Algunas bolsas de pollo San Blas,  de Aragua, hacían bulto en las neveras. A la 1:00 de la tarde eran los únicos productos básicos que se despachaban en el local.

La leche y el  jabón se habían agotado más temprano. “Me faltó la leche, el café y sólo me permiten llevar un kilo de azúcar. Vengo del Bicentenario de San Bernardino porque se acabó el pollo y me dijeron que aquí todavía quedaba, pero no me voy surtida. No encuentro todos los productos que estoy buscando”, dijo Carmen Gutiérrez, mientras esperaba en cola.

Las marcas reconocidas de empresas privadas, como el jamón enlatado Plumrose y el endiablado Oscar Mayer, la crema de arroz Primor y la harina pan de Polar, incluso el queso fundido Rikesa (empresa que actualmente presenta problemas con la materia prima, según declaró el presidente de Cavidea, Pablo Baraybar), también surtían el lugar.  El sector privado ahora está obligado a distribuir entre el 30% y el 100% de su producción en la red pública por orden de Sunagro.

Se observaron pocos productos importados como la pasta italiana Donna Vera y el desodorante Full Force, cuya etiqueta revelaba “made in USA”.

Aunque el control de venta, según el terminal de cédula, ya no se aplica en los establecimientos oficiales, la compra restringida de productos y el uso de captahuellas continúa vigente.

La tarde de este martes, los usuarios sólo podían llevar dos harinas Venalcasa y una Harina Pan, de Polar, porque de esta última marca quedaban pocas pacas. Glenda Rodríguez se quejó por no poder comprar la cantidad que deseaba. “Procuro ni endulzar el café, porque, imagínate, sólo me permiten llevar un solo kilo. Con la harina es el mismo cuento, pero uno no puede dejar de comer arepa. El venezolano no es venezolano si no come arepa”, dijo.

Para Iria Vargas, en cambio, en esta sede de Pdval sí encuentra variedad. “Si uno madruga puede llevar carne o pollo, jabón, azúcar y harina. Yo siempre vengo cada ocho días”, aseguró.

Teresa Pérez también compra a menudo en este local y, pese a que lamentó haber llegado a tiempo para adquirir la leche y el jabón –aun cuando se mantuvo en cola alrededor de tres horas-, le pareció que la atención era buena. Atribuyó el desabastecimiento de algunos rubros al bachaqueo. “Esa práctica es muy dañina. Todos tenemos necesidad y es malo valerse del mal ajeno”, sentenció.

En el Bicentenario, ubicado en la avenida principal de Las Mercedes, sólo vendían tres harinas de maíz Juana y una lata de leche Los Andes. Carlos Montilla llegó a la cola a las 12:00 del día y pudo entrar a las 3:00 de la tarde. Ya no quedaba ni un solo paquete de azúcar ni de pollo de los que se había despachado en la mañana.

Los anaqueles estaban a medio llenar con algunos productos que marcaban precios justos “elevados”, según comentaron entre sí los usuarios. Un paquete de pan de sándwich marcaba Bs. 320, mientras que la lata de atún Margarita pequeño tenía un costo de Bs. 255.

Las neveras de aves y pescado estaban vacías.

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Uno de los vigilantes precisó que, por lo general, el café llega los fines de semana, y que el único producto extranjero que ve con frecuencia es la carne que importan de Uruguay.

Versión Institucional. Denis Reyes, gerente de mercadeo del Pdval en Cotiza, explicó que a través de la Corporación de Alimentos y Servicios Agrícolas (Casa) se distribuye buena parte de los productos.

Las empresas estadales como Lácteos los Andes también pone a disposición de la red Pdval su producción.

Otras alianzas con empresas privadas a nivel nacional y acuerdos logrados con países del Alba bajo el Convenio de Petrocaribe proveen otros rubros.

Recientemente, el presidente de Uruguay, Tabaré Vásquez, propuso elevar a 1.000 millones de dólares la exportación de alimentos uruguayos en 2016 hacia Venezuela, con la condición de que se depositen $300 millones en un fideicomiso en el Bandes en Uruguay. El planteamiento responde a una deuda que el Gobierno nacional tardó en saldar con empresas uruguayas; la propuesta fue bien recibida por el presidente Nicolás Maduro.

Ya Venezuela había firmado un acuerdo para la venta de 265.000 toneladas de alimentos (arroz, leche en polvo, soja, pollo y queso) de ese país, según anunciaron a principio del mes de julio voceros gubernamentales.

Mientras estas importaciones son evaluadas por el Ejecutivo nacional, el vicepresidente de Seguridad y Soberanía Alimentaria, Carlos Osorio, afirmó, el pasado 7 de junio, que en dos meses se estabilizarán los productos que escasean y que las fallas que presentan algunos sectores no han impedido que el Gobierno “mantenga el acceso a bienes y servicios”.

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