#19JL “La Resistencia es sinónimo de libertad en Venezuela”

Anti-government protesters march during a protest in Caracas March 16, 2014. Venezuela's President Nicolas Maduro warned protesters in Caracas on Saturday to clear a square they have made their stronghold, or face eviction by security forces. Plaza Altamira, in upscale east Caracas, has been a focus of anti-government protests and violence during six weeks of unrest around Venezuela that has killed 28 people. REUTERS/Tomas Bravo (VENEZUELA - Tags: POLITICS CIVIL UNREST)
Anti-government protesters march during a protest in Caracas March 16, 2014. Venezuela’s President Nicolas Maduro warned protesters in Caracas on Saturday to clear a square they have made their stronghold, or face eviction by security forces. Plaza Altamira, in upscale east Caracas, has been a focus of anti-government protests and violence during six weeks of unrest around Venezuela that has killed 28 people. REUTERS/Tomas Bravo (VENEZUELA – Tags: POLITICS CIVIL UNREST)

Cuando hablamos de anarquismo muchos imaginan un Estado sin ley, donde se respira la ausencia del orden. Esto no es necesariamente así. En Venezuela existe un grupo que trabaja fuera de las fronteras de los partidos políticos tradicionales, aunque la mayoría apenas lo note.

Venezuela es un país que ha sido arropado por los extremos cuando de política se habla. O estás con la oposición o estás con el gobierno. Las medias tintas parecen no existir. Pero en el país de la Revolución Bolivariana y de los bloques opositores, existe un movimiento que no simpatiza ni con el uno ni con el otro. Ellos son: los anarquistas.

Cuando hablamos de anarquismo muchos imaginan un Estado sin ley, donde se respira la ausencia del orden. Esto no es necesariamente así. En Venezuela existe un grupo que trabaja fuera de las fronteras de los partidos políticos tradicionales, aunque la mayoría apenas lo note.

Los anarquistas no creen en gobiernos. Ellos creen en movimientos populares. Los anarquistas no creyeron en el bipartidismo de Acción Democrática y Copei (los dos partidos que gobernaron alternadamente Venezuela durante 40 años, hasta la llegada de Hugo Chávez en 1999), no creen en la Mesa de la Unidad Democrática (coalición de los partidos de oposición) y no creen en el Partido Socialista Unido de Venezuela (partido de gobierno). Ellos creen en la lucha autónoma de la gente que defiende sus derechos y no los intereses de quienes están en el poder.

Rafael Uzcátegui es anarquista, libertario, defensor de derechos humanos y por sobre todo anti militarista. Es autor del libro Venezuela: la Revolución como espectáculo. Una crítica anarquista al gobierno bolivariano.

También coordina el periódico El Libertario, espacio donde los anarquistas difunden sus ideas y opiniones desde 1995. Ellos lo llaman periodismo alternativo. Según Uzcátegui, El Libertario se sostienen a través de la colaboración de sus lectores. Se distribuye tanto en Venezuela como en América Latina. Ya van por su edición 75.

En un país de extremos políticos, no es sencillo conocer opiniones distintas a las de la oposición o el gobierno. Por eso decidimos entrevistarlo:

En un país polarizado como Venezuela, ¿cómo vive un anarquista en el llamado Socialismo del siglo XXI?

Uzcátegui: El rol, a mi manera de ver, es trascender la falsa polarización y promover la necesidad de una alternativa social libertaria para Venezuela.

¿Por qué dices que es una falsa polarización?

Uzcátegui: Cuando opino que es una “falsa” polarización es porque ambos polos del espectro político tienen más coincidencias que diferencias, pues responden a la cultura política creada por la renta petrolera durante todo el siglo XX venezolano. Hemos sostenido, y lo hemos argumentado, que el proceso bolivariano no es una ruptura de la crisis del modelo de gobernabilidad sostenido por la centralización del poder y la economía extractiva que ha caracterizado la Venezuela de los últimos 100 años.

¿La Revolución Bolivariana no fue un cambio luego de 40 años de bipartidismo?

Uzcátegui: El bolivarianismo es una continuidad, una extensión de esta crisis, por lo que no ha propuesto, esencialmente, nada diferente a lo que se puede encontrar en nuestro país a partir de 1910.

Es por esto que un cambio de gobierno, digamos del chavismo a los sectores opositores, no va a solucionar, en nuestra opinión, ninguno de los problemas estructurales de la sociedad venezolana. Es cierto que como crisis terminal de ese modelo, el bolivarianismo, especialmente en su versión madurista (alusión al Presidente de Venezuela Nicolás Maduro), ha exacerbado muchos de los problemas y hay que enfrentarlo, debilitarlo y derrotarlo en todos los escenarios, pero esto no debería significar revitalizar los herederos del pasado, representados en los partidos políticos más conocidos que se le oponen.

¿Y cómo se logra?

Uzcátegui: En mi opinión, que seguro es diferente a la del resto de los anarquistas, el trabajo es promover el pensamiento propio y la reconstrucción de las relaciones entre las personas cotidianas, que hagan posible la emergencia de movimientos sociales autónomos, los cuales puedan renovar la forma de hacer política en el país.

¿Esos serían los valores anarquistas?

Uzcátegui: La justicia social y la libertad del individuo aumentada con la libertad de sus semejantes, la refutación del autoritarismo pero el reconocimiento de una autoridad natural sin privilegios, la crítica al Estado, al capital y al militarismo como dispositivos de dominación, el reconocimiento de la diversidad y lo diferente como esencia del ser libre son valores que esperamos sean vividos por la mayor cantidad de personas, y mientras esos valores estén presentes en la sociedad, nos importa poco si se califican como anarquismo o como cualquier otra cosa.

¿Existe la posibilidad de dialogar con la oposición o con el gobierno venezolano?

Uzcátegui: Un anarquista debe vivir la libertad y la justicia social en un mundo que debe, afortunadamente, compartir con personas que no son anarquistas, y que además tienen el derecho de no serlo. En este sentido conversamos y actuamos con cualquier persona, todos los días, sobre cómo mejorar las condiciones de vida de la gente. Pero si este debate es para “convencer” sobre cual ideología es mejor, en lo personal no me interesa, porque es una discusión que se basará sobre la competencia y la lógica del poder. Las ideologías más conocidas han defraudado sus propias promesas de redención.

¿Cómo se definen entonces?

Uzcátegui: Los anarquistas no nos consideramos chavistas, pero tampoco nos identificamos con la identidad política “antichavistas”, porque somos mucho más que eso. No hemos tenido un lugar en la discusión política venezolana de los últimos años, y cada bando afirma que pertenecemos a su contrario. El anarquismo ha pasado los mismos dramas y dilemas que el resto de los movimientos sociales en Venezuela, y hay algunas personas que han asumido la estrategia del “mal menor”.

¿De alguna manera quieren ser reconocidos?

Uzcátegui: El anarquismo, como vivencia de la libertad, es mucho más que una ideología que necesitar ser reconocido para aumentar su influencia. No nos interesa la hegemonía ideológica, negadora de la posibilidad del discernimiento propio, por eso nos hemos debatido entre difundir lo que han hecho y pensado otros anarquistas y de promover en nuestros espacios los valores de libertad en solidaridad.

¿Háblame un poco de El Libertario?

Uzcátegui: El Libertario es un periódico que nació en 1995 por la necesidad de expresarse de un grupo de personas, que discuten democráticamente sus contenidos y lo financian por los aportes de la comunidad formada por sus lectores, que hacen aportes por diferentes vías. Creemos en la política “pre figurativa”, es decir, que lo que hagamos hoy sea un ejemplo viviente de lo que deseamos sea el mañana. En este 2015 cumplimos 20 años como periódico independiente y desde hace algunos años hemos empezado a utilizar las redes sociales para su difusión. Pero para el grupo de El Libertario, el papel será siempre la versión privilegiada.

¿Cómo es la conexión con otros grupos en América Latina?

Uzcátegui: El anarquismo no es un partido, en el sentido que debes relacionarte obligatoriamente con todos los que se asumen bajo este término.

Creemos en la “afinidad”, que es una mezcla de simpatía política con simpatía personal, para hacer cosas juntas. En este sentido, nos relacionamos con muchos grupos anarquistas de América Latina con cuyos planteamientos nos identificamos y, que además, podemos entablar relaciones más cerca de la amistad que de la disciplina leninista partidaria. Pero también nos relacionamos con otros movimientos, tanto de Venezuela como de la región que nos parecen interesantes.

Estas relaciones son posibles por la oportunidad de comunicarnos por internet. Si viajamos los visitamos, si ellos van a Venezuela, nos visitan. Intercambiamos materiales, reflexiones, dudas e ilusiones.

Y ahí mientras tanto, los anarquistas realizan reuniones, difunden ideas y trabajan por una estructura anticapitalista, antimilitarista y libertaria. Parece que son invisibles. Pero si se mira bien, se les encontrará entre las sombras del espectro político venezolano, esperando una oportunidad para actuar.

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